lunes, 11 de mayo de 2009

Así nos conocimos


El día 15 de mayo es San Isidro, el Patron de Madrid.
Era el año 1980.
Como veníamos haciendo los dos últimos meses, saldríamos con La Pandi, para ir a tomar algo por ahí. Quedamos por teléfono, me divertía que no nos distinguías a Ángeles y a mí. Ese día bromeé con ella y con Montse sobre cuál de las dos te ligaría, era un pique para que se decidieran, las dos estaban por ti. Les dije, lo haré yo, ¿qué apostáis?
Pensaba que eras el más guapo, el más divertido, el más progre, pero yo salía con alguien y tu no te habías fijado en mí.
Callejeamos por el centro, como tantas veces haríamos después. Fuimos de Gran Vía a Las Vistillas, tomamos un vino y unos pinchos en la Caba Baja y de allí al Paseo de la Florida. Toda la tarde, charlando, sin parar de divertirnos y reír.
De noche nos quedamos Rafa, Fernando, Ángeles y nosotros dos. Ellos cogerían el último búho, tu y yo caminamos hasta Tirso de Molina. Desayunamos tortitas con nata y caramelo en La Madrileña, un ritual que repetiríamos cientos de veces después.
Nos sentamos en un banco del parque a esperar la mañana, me invitaste a ir a tu pensión: -No puedo, he de comprar un vestido para la primera comunión de mi hermana. Me vuelvo al pueblo en un par de días.
Nos quedamos en silencio y apoyé mi cabeza en tu hombro, estuvimos así un buen rato, ¿nos quedaríamos dormidos? Estábamos somnolientos y empezaba a calentar el sol.
Separaste mi cabeza de tu hombro y supe que solo éramos mirada. Tus labios como alas de mariposa, posados en los míos, me hablaron de eternidad.
-Son las nueve y media, ¡qué tarde es! He quedado con Montse a las 10 en una estación de metro.-Vamos te acompaño, no quiero dejarte ir.
Bajamos las escaleras agarrados de la mano y corrimos por los andenes. Recuerdo la sensación de flotar los pasillos, casi de volar.
Me compré un vestido malva, me ayudaste en la elección.
-Vamos a mi casa, quiero enseñarte mis poemas, las fotos, quiero hacerte fotos, te enseñaré mis libros, ven conmigo.. -No puedo quedarme mucho tiempo, voy a montar una tienda en Villanueva.
¿Cuántas horas más aguantaríamos sin dormir? Pasamos toda la tarde leyendo, me presentaste el Reader Digest, que tantas veces leeríamos juntos después.
Sentimos que nos conocíamos desde hacía mucho,tal vez desde siempre; nos reconocimos almas gemelas y supimos que nos unían las mismas ganas de vivir. Nos contamos la vida durante horas, pero tenía que despedirme, me iba de Madrid.
Por favor vuelve, decías. No puedo separme de ti. Me bañaron tus lágrimas y postpuse la marcha unos días, cada noche te decía: -Mañana, será mañana.
Fue una semana fantástica, nunca habíamos amado así. Pero yo quería ser libre, no quería comprometerme, deseaba ser independiente, no tener pareja ni hijos. Además tú tenías novia, tenías tu camino y el mío discurriría lejos de allí.
¿Cuántas cartas me escribiste? Como mínimo una por día. A los quince días estaba de nuevo en Madrid.
Volví a ti. San Isidro fue el culpable de que encontrarte se convirtiera en lo mejor que me ha pasado en la vida, de haber tenido 27 años junto a ti.Deseamos que fuera toda la vida, pero así fue, he de aceptarlo y a pesar del dolor, doy gracias. Gracias por haberte conocido. Gracias por haberme permitido quererte. Gracias por darme lo mejor de ti. Gracias por formar parte de mí.

2 comentarios:

andres lopez villar dijo...

sentimientos tan bonitos no necesitan comentarios

paque dijo...

Emotivo relato! Es magnifico! besoss
betty