lunes, 14 de mayo de 2012

De aquel golpe de viento en la boca del estómago, cuando se materializó la palabra temida y presentida, quedó: Una laxitud angelical en los sentidos, las cuencas de unos ojos  perdidas en la nada, un torrente de agua clara bañando las laderas de la pena, suavizando las aristas del dolor.

Pero de pronto, cuando menos la esperaba, llegó la paz interior y con ella la maravillosa sensación de haber vuelto a casa.

Así... con la naturalidad de una mano que se extiende para acariciar la cabeza de un niño impulsivamente,  con la fluidez de un manantial recflejando la luz; llegó el día y pude observar mi sonrisa reflejada en el cristal de la ventana.

1 comentario:

andré de ártabro dijo...

Así , sin romper nada , llegó como brota de un manantial el agua.
Dulce , hermoso y romántico.
Besos.