viernes, 11 de septiembre de 2009

Caminante

Tuve la certeza, que en el mismo instante
que yo despertabas.
Abres una puerta, la puerta más ancha.
Descorres visillos, pesados, plomizos, abres las ventanas.
Te recorre el viento, te impulsa sin tiempo.
Inspiras aromas a aceituna amarga.
Siento en un gemido, aquella punzada.
Contemplas callado, las vides preñadas,
Racimos de oro, dejas a tu espalda.
Busco un clavo ardiente, al cuál aferrarme,
Encuentro la helada.
Un brillo plateado, que habla de distancias.
Un rayo naranja, ilumina el valle,
Con él amanece, una aurora maga.
Saliste a la vida, la vida te alcanza.
Cúmulos y nimbos, sugieren neblinas
Que oscurecen bosques,
De inciertos rumores, crepitan las ramas.
Rocío mañanero, con brillos de plata,
Limpia las heridas, borra cicatrices,
desdibuja huellas, y los corazones despliegan las alas.
Me tiende su mano, una nube blanca.
Me elevo en un vuelo,
hacia el Universo que hoy es ya tu casa.
10.09.09 Para Dani. Con amor.

2 comentarios:

andres lopez villar dijo...

melancolia innunda hoy tu alma ,¡que bien expresas los sentimientos del alma!guayyy

Angus dijo...

Enorme poema, maravilloso.